¿Cómo impactan las ideas de los demás en tus decisiones y en tus deseos?

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Muchas veces las personas que nos rodean sin que se lo pidamos opinan y emiten juicios acerca de lo que sea que estemos pensando o considerando hacer, y de manera inconsciente permitimos que estas opiniones y juicios determinen lo que decidimos sobre nuestros deseos o lo que queremos hacer.

El grado de influencia que tengan las opiniones de los demás en nuestras decisiones depende de dos aspectos:

Del nivel de confiabilidad que le otorgamos a la persona

 
Es decir, consideramos que la persona es apta y competente para emitir juicios sobre el tema que nos incumbe. En este caso, escuchar acerca de las experiencias de otros, puede ofrecernos beneficios, pero recordemos que él o ella no soy yo, y por tanto cabe que exista un resultado diferente.  
Lo que debemos procurar es que las experiencias de otros nos sirvan para ver lo que quizás había pasado desapercibido a nuestros ojos, a nuestra interpretación; y no que sea la barrera o el impedimento para decidir lo que estemos pensando hacer.
El grado de influencia que tengan las opiniones de los demás en nuestras decisiones depende de dos aspectos:

De nuestro nivel de confianza en nosotros mismos.

Podemos experimentar confianza en nuestras decisiones porque sabemos lo que queremos y porque estamos dispuestos a asumir las consecuencias. Punto.

Sin embargo, cuando no confiamos en nosotros mismos, quedamos siendo marionetas de los otros sin que tengamos plena conciencia de ella.


Es probable que comprometamos nuestro poder de decisión en estas circunstancias:  
  • Cuando decidimos por no lastimar, por no defraudar, por temor a perder el cariño de alguien, aun en contra de nuestros deseos. Es posible experimentar resignación, tristeza y una breve y falsa satisfacción que no será sostenible en el tiempo porque atenta contra nuestros deseos.

  • Cuando decidimos por temor a la confrontación, porque nos quedamos paralizados sin los argumentos para sostener nuestras ideas.  Al final nos reprochamos y nos sentimos impotentes y frustrados. En este caso debemos aprender pedir tregua para disponer del espacio para la reflexión y decidir en congruencia con nuestros deseos. Debemos decidir sin importar el resultado de ser ganador o perdedor y encontrar la serenidad y ecuanimidad para sostener lo que importa para ti.

  • Tenemos miedo a fallar, a pasar lo que otros pasaron. En este caso conviene recordar que las limitaciones de otros no son las nuestras. Terminamos renunciando sin haber dado el primer pasado.  ¿Vale la pena vivir una vida renunciado a lo que realmente quieres hacer?  Fallarás una y otra vez, pero allí estará el aprendizaje para prepararte y hacerte más fuerte para el nuevo intento.  

  • La imagen que vendemos a los demás nos somete a hacer cosas que no queremos.  Optamos por hacer lo que se espera de nosotros por miedo a que nos critiquen, nos juzguen, nos reprueben, a perder la admiración. Terminamos agobiados, estresados, iracundos por la presión y por someternos a algo que no queríamos hacer.  ¿No sería más fácil decir “eso no lo quiero hacer”?
Si crees que alguien te dejará de admirar o amar por negarte a algo o por actuar como quieres, entonces esas personas no tienen que estar a tu lado, ¿no te parece?

  • Falta de fuerza personal. No sabemos decir que no.  Terminamos disgustados con nosotros mismos, sin saber cómo llegamos hasta allí y renunciando a lo que verdaderamente queríamos hacer. 
  • Flojera, porque es más fácil no llevar la contraria y seguir actuando según opinen y dicen los demás.  Terminamos viviendo una vida sin sentido.

¿Vale la pena que regalemos nuestros deseos y decisiones?


Si bien no podemos ignorar nuestro entorno, ni andar en batallas innecesarias, tampoco debemos regalar nuestros deseos, ideas y decisiones a nuestros temores y limitaciones, pues se trata del rumbo de nuestra propia vida.

Para recuperar el contrato de tus decisiones y deseos puedes recurrir a algunas acciones:

☝️1.  Conecta contigo.  Escucha tu voz. Habla contigo. Date el tiempo.  Dedícate a hacer huecos en tu día para escucharte. Róbale minutos a tu agenda para estar contigo mism@.   Esto quiere decir, que reflexiones, ¿por qué piensas de alguien lo que sea que piensas? o, ¿por qué reaccionaste como lo hiciste en una situación, y cómo te sientes ahora?Empieza a escucharte, a escuchar tu voz.  Si no escuchas tu voz ¿cómo vas a saber cómo te sientes?   Si crees que alguien se enojará o se enfadará contigo.  Bien que lo haga.  Si es una persona que te quiere, te perdonará, y esa es una persona que mereces tener en tu vida.  Si no perdona, no vale la pena que sometas tus decisiones a ella.

☝️2. Ve en busca de tus deseos más profundos y personales.  Para acercarte a tus deseos personales, pregúntate qué quieres para ti en términos de cómo te quieres sentir con tus decisiones y acciones: libertad, energía, poder, alegría, amor, felicidad, plenitud, etc.  
Como ves, no se trata de lo que quieres tener, sino de lo que quieres SENTIR; porque al final, eso es lo que da significado a nuestras vidas, allí reside la búsqueda del sentido de nuestra vida.

☝️3. Aprende a bajar el volumen de las voces ajenas.  Los amamos, pero quizás no están en nuestro chip o en nuestro canal, o no hemos logrado sintonizarle. Los demás siempre van a hablar, la mayoría o todos.  Hablarán los que te conocen, los que no te conocen, quienes te quieren y también los que no.  Asume el reto de que sus voces no pueden ser más poderosas que tu voz, sus voces no pueden tener el volumen más alto, porque entonces no escuchas tu voz.  No te juzgues con dureza.  Escucha tu voz y date cuenta si estás escuchando más las voces ajenas o la que te habla a ti.
Tampoco se trata de no escuchar nada.  Sí, debes hacerlo, pero quédate con las voces, ideas que te sirvan, con las que te empujan, con perspectivas útiles.  
Ten en cuenta que el mayor secreto para la infelicidad es tratar de complacer a todo el mundo.  Acepta que algunos te aceptarán y otros no.  Punto; pues es de iluso, de loco, del ego, pretender que todo el mundo aceptará o comulgará con lo que predicas.

Finalmente, reflexiona si tus deseos, tus sueños es para que los demás vean o es para ti. ¿Estás construyendo una vida que deseas o estás reaccionando a lo que los demás opinan?
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